La filmografía de Enrique Gabriel
ha tocado varios palos. Ahora es
el turno de Suspiros del corazón,
su cuarto largometraje en clave
de comedia donde el realizador argentino
ha querido rendir un homenaje
“a aquellos librepensadores
de hace muchas décadas,
que no anteponían el valor del lucro
inmediato como hoy en día.
Para ellos lo importante era la
condición humana: Transmitir la
cultura, buscar el progreso con la
solidaridad y en paz, pero también
en guerra cuando hace falta”.
Con un tono de bufa hacia todo
lo que represente lo moderno,
“lo triunfador, que en un segundo
se vive y muere, en contraposición
a esa vorágine”, la película
quiere rescatar lo obsoleto y pasado
de moda con unos personajes
que viven en su particular universo.
Se dedican a publicar fotonovelas,
un género ya extinguido,
con el que buscan transmitir un
poco de cultura a través de pequeñas
propuestas como la representación
de la obra “Ana Karenina”,
que los personajes escenifican
en la película.
El personaje protagonista,
Fernando Valbuena de Montijos,
es un empresario español, una
circunstancia que el director tuvo
claro desde el principio. Explica
que podía haber sido un yuppie de
otro país, “pero vivo en España, y
además tiene mucho que ver con
la evolución que ha experimentado
últimamente, que pasó de ser
un país pobre, de emigrantes, y
se ha convertido en otro diferente.
Hoy, ese triunfalismo y autobombo
de los últimos años, han
infectado el espíritu del español
de antes, genial, un poco cascarrabias,
pero ante todo, auténtico
y desprendido. Antes no existía
ese espíritu de nuevo rico, y por
eso la elección”.
En lo que al reparto se refiere,
Enrique Gabriel ha contado
con un elenco de actores argentinos,
como Osvaldo Bonet, “uno
de los actores de teatro más destacados
de mi país”, y los españoles
Roger Coma y Roberto Enríquez,
que aparece brevemente
en la película. Pero el talento de
este actor se podrá ver durante
más tiempo en Vidas pequeñas,
el proyecto más reciente de este
realizador argentino que, en su
opinión, “es lo mejor que he hecho
hasta ahora”.
El final de esta “fábula”, como
define a Suspiros del corazón,
encierra un lección “que se
aprende a través de las vicisitudes
y de los cambios de los personajes”.
El final es aparentemente
muy feliz pero con trampa,
“porque en realidad” -como señala
el propio Enrique Gabriel-
“es una fantasía, y además creo
que el ser humano nunca será
tan desprendido de sus bienes,
ni tan generoso como estos personajes.
Es una fábula como la
del cine romántico, absurda”.
M. E. |